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La capital del Sáhara

El vendedor de habas siempre dice que cuecen bien.”
Proverbio bereber

La siguiente entrada la he escrito recordando los días que he tenido suerte de pasar en El Aaiún (ahora Laayoune), capital del Sáhara Occidental, lo que observé en sus calles y la enorme discordancia entre lo que veo estos días en la televisión , las manifestaciones y opiniones de todos con los que estos días he hablado de esta zona del globo y lo que observé en dicha ciudad. Ni soy periodista, ni fotógrafo ni nada que se le asemeje. Me llamo Antonio, me encanta el planeta en el que nací y viajar por él para conocer a sus gentes y aprender de ellas. No voy a hacer ningún análisis histórico, menos político ni social. Hay literatura de sobra en las librerías para quien quiera profundizar, así que no recojo más que lo que en su día (más bien sus noches) escribí en mis cuadernos de viaje.

Mi primer contacto con el Sáhara Occidental comenzó en la puerta de la Embadaja de Mauritania en Rabat. Tras entablar conversación con unos saharahuis (cuya historia, identidad y vida dejaré para otra entrada), me invitaron a bajar con ellos desde la capital marroquí hasta la de la antigua colonia española. En los cinco días que compartimos, ni me dejaron pagar ni un dirham ni tuve ningún tipo de necesidad. Hacíamos noche en enormes salones, siguiendo la costumbre árabe, de casas de amigos (sólo hombres) en ciudades que quedaban en el camino, sobre mantas, todos juntos. A pesar de que no compartía ningún idioma con la gran mayoría de ellos, las muestras de agrado y preguntas sobre cómo me encontraba, ser el primero que probaba los tayines, ocupar el mejor asiento de los coches, ser centro de atención y casi “el niño mimado” del grupo fueron rutina esos días.

En las interminables horas de carretera fui indagando, y observando que pese al respeto y educación con que se dirigían tanto a las autoridades (especialmente en los controles que cada pocos kilómetros encontrábamos en la carretera) como a los tenderos que comprábamos – a menudo incluso hablando en francés con los primeros para denotar formalidad – en la intimidad del coche les insultaban, y trataban con mil argumentos de convencerme de la maleza de los marroquíes. Una de las noches, en un bar de carretera mientras uno de mis nuevos amigos compraba un té, yo movía el coche para dejar salir a otro, apoyado por un marroquí que se ganaba unas monedas regulando el aparcamiento del bar. Al salir mi amigo gritaba como un loco,llegando a empujarle violentamente y al montarse en el coche no paraba de decirme que lo que quería era robarlo, agredirme si no matarme, y que para nada debía confiar en los marroquíes. Yo argüía que veía bastante complicado que hubiese hecho eso rodeado de la cincuentena de personas que allí se encontraban, pero un “los marroquíes son así, ten cuidado con todos y no te fíes” era el punto y final a cualquier posible discusión a la que añadían gritos en árabe que no comprendía. Sentía que el odio saharahui hacia los del país vecino era del mismo patrón que el que había observado en otras regiones nacionalistas, un sentimiento transmitido boca a boca de la misma manera que el padre enseña al hijo a hacer pan, y pocos son los que saben justificar el origen de tan ambiguo rechazo, aprendido en familia y en las escuelas y promovido por los políticos. Éstos no son más que personas, como tú y yo, que ante una ínfima posibilidad de enriquecimiento (tanto de poder como económico) abandonan cualquier credo pisoteando a sus semejantes, dejando de importar los apellidos de “de derechas, de izquierdas, democrático o dictatorial”. Políticos, o esas gentes a las que la ambición que a todos nos atañe de alguna manera ha afectado sobremanera y en cuyas manos confiamos nuestro mundo…

Calle de la Marina. Una de las céntricas mezquitas, coloreada como el resto de los edificios.

Entre varios percances e historias varias, alcanzamos Laayoune poco después del amanecer. Estaban pletóricos por volver a sus tierras, parecía que habían ganado un premio de lotería. El Aaiún es una de las ciudades que si bien no cuenta con los atractivos que cualquier turista esperaría, maquilla entre los tonos amarillentos de las dunas que la rodean una realidad social un tanto peliaguda. Como en otras tantas urbes, ésto era, precisamente, lo que más me atraía. Todo cuanto había escuchado (antes y durante ese viaje) iba mostrándose tal cual sobre mis ojos. Así las casas debían pintarse con los colores de la bandera marroquí, es decir, rojas (aunque a veces clareado) y las puertas o ventanas verdes. Si no se hacía así se les retiraba la propiedad de la casa. En los negocios debía colocarse una foto del rey Mohammed VI, quien además tenía plagada las calles principales (y no tan principales) de enormes carteles con fotos suyas rodeadas de banderas de distintos tamaños. Banderas que ondeaban, también, en casi cualquier edificio. Para la concesión de un permiso, del tipo que fuera, se investigaba la línea genealógica vertical y horizontal de la familia comprobando que no hubiera vinculación activa con el Frente Polisario. Evidentemente hablar públicamente del rey, de la ocupación marroquí o de “temas prohibidos” estaba penado, pudiendo implicarse a tu familia además en el asunto, cerrar tu negocio o desalojarte de tu domicilio. Existía policía de paisano dedicada a encontrar activistas o a quienes informasen a otros de cómo aprovechar pequeños vacíos legales. Las calles estaban fuertemente vigiladas por autoridades armadas, pese a que esos días no había motivo particular de tensión.

Y si había algo que no comprendía (y sinceramente, sigo sin hacerlo) era el amor y respeto hacia España, cuando en un forzado proceso de descolonización (forzado por que ya no interesaba económicamente mantener ese enclave militar) se repartió la administración (que no soberanía) a partes iguales a España, Marruecos y Mauritania de este territorio. El primero, pese a la firma sobre papel de tomar parte por igual en dicha administración, se dejó evaporar, dejando a los dos países africanos tal control, que el gobierno mauritano acabó cediendo íntegramente a Marruecos tras varios enfrentamientos perdidos frente al ejército polisario. La letra pequeña del contrato incluía tanto la explotación de los bancos de peces como la extracción e importación de fosfato, los únicos bienes naturales de éste país, y que han mantenido en silencio a los gobiernos para evitar ver comprometida la cara pública que se les exige y sus negocios bajo la sombra. Por ello todos los gobiernos desde la famosa Marcha Verde han jugado cual marioneta con esta región y por ello me sorprendía tanto como me agradaba que al notarme rasgos españoles me saludasen en castellano, lengua que por la herencia colonial algunas personas mayores seguían hablando, y me invitasen además a tomar alguna pasta o té. Muchas de éstas personas me mostraban sus DNI’s y pasaportes de la época en que el Sáhara Occidental era el Sáhara Español, y como tal figuraba en el apartado dedicado a la ciudad y provincia natal, igual que si hubiesen nacido en Cádiz o León. Eran las mil preguntas que hacía (o más bien las que entre líneas implicaban sutilmente éstas) las que entre chai y chai fueron moldeando las conversaciones que me permitieron ir enterándome poco a poco del día a día en esta zona del globo.

Día a día, como en tantas zonas del globo, en que una facción o gobierno opresor y su brazo armado reclama la soberanía de algún territorio. ¿Cuantas de estas zonas tienen realmente una identidad propia? ¿Cuán antiguo es el querer separar el globo con líneas que limiten lo que hoy entendemos como país? ¿Cuántos de estos países están constituidos por motivos históricos, étnicos y culturales y cuántos de ellos por otros meramente económicos decididos por el capricho de una minoría? Basta investigar y estudiar a conciencia la formación de tantas y tantas naciones, o examinar el mapa de África para no parar ni de sorprenderse ni en esencia, incluso aprender de uno mismo. ¿Desde cuando llevamos poniendo las manos de nuestras tierras en manos de políticos? ¿Es pese a las tantas quejas en vano, ese, el sino del ser humano? ¿La necesidad del juego gobernantes-gobernados para crear un orden social? ¿Cuánto de apego debemos tener al lugar donde nos criamos, o cómo determina éste nuestra identidad? (Son numerosos, por ejemplificar de acorde a esta entrada, los saharahuis nacidos españoles, crecidos como marroquíes y que ahora son refugiados políticos en Algeria de un país no reconocido por otras naciones). Igualmente, a mi me resultó siempre fascinante lo que encierra la pregunta de hasta qué punto es necesario morir por unos ideales. Y volviendo a ejemplificar prácticamente, cuánto de idealista es defender la tierra en que se nace.

En estos días, de continua agitación y en las que representantes del Frente Polisario acaban de anunciar que cuentan con tanta logística como voluntad para ir a la guerra, puede preguntarse uno si es ese el precio de ser humano, si la misma lucha por la supervivencia que lleva a un grupo de leonas en el Serengeti a cazar un búfalo para alimentar a su familia tiene su análogo en los conflictos que desde, no nos engañemos, los primeros albores de la humanidad nos han enfrentado.

Camellos en las afueras de El Aaiún.

Cansado del "viajar para encontrarse a uno mismo", comencé a hacerlo para buscar al otro. Querer no sólo ver sino experimentar en primera persona la diversidad cultural de nuestra especie me ha llevado a convivir con tribus, viajar con nómadas, dormir con anacoretas en cuevas o monjes en monasterios, entre otras experiencias. Y sin quererlo encontré en todos ellos ese yo que buscaba. Viajo a pie, en autostop o transporte público y aquí comparto lo que voy viviendo en el camino.

Hay 16 comentarios

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  1. M. Sol

    Hola!

    Quería contarte que tu blog formó parte de la última edición de la sección Compañeros de Ruta de Diario del Viajero.

    Saludos!

  2. Antonio

    Gracias por este post. Entre tanto que hay colgado en la red, faltaba una opinión más sosegada y alejada de los bandos.

    No es que esté de acuerdo con tus opiniones, pero me parece enriquecedor que se expresen diversas. Yo entiendo bastante a quien le imponen una nacionalidad y ven que todo lo que hacen desde el exterior los aboca a tener que aceptarla.

    ¿Podrías postear algo más sobre la ciudad, la vida en ella, sus gentes, independientemente del conflicto político (si puede separarse)? En definitiva, de lo que viviste en El Aaiun.

    Gracias.

  3. Lola

    Estoy planeando un viaje Valencia-Senegal en coche con mi marido, como ya viene siendo de costumbre, desde hace un par de años para año nuevo, pero este año con lo del conflicto del Sáhara no acabamos de tenerlo claro.
    Cuando le digo a alguien que vamos a repetir el viaje me dicen que estamos locos y estoy bastante confundida.
    Necesito que alguien me diga de primera mano como está la zona, y si no es demasiado arriesgado.
    Agradecería tus comentarios.

  4. Antonio Aguilar

    Muchas gracias a todos por los comentarios. Me alegra enormemente leerlos y que pese a ver que hay más gente que lee este sitio, vea una huella por escrito y aportación para que todos podamos aprender, que es lo que busco un poco con todo esto.

    M.Sol: Muchas gracias por hacerte eco de esta entrada para vuestra web, muy trabajada por cierto. Muy agradecido de nuevo.

    Antonio, gracias tocayo por interesante aportación.Acabo de releer la entrada y como cuando la publiqué tengo la sensación de no haber expresado correctamente tanto las ideas como sentimiento que este tema me produce. Yo también entiendo a quienes acaban teniendo que aceptar una nacionalidad impuesta, y es esto lo que quería recalcar, que acabamos en manos de políticos, cuyas decisiones tienen consecuencias (bastante drásticas muchas veces) sobre el resto de las vidas de tantos ciudadanos.

    El sufrimiento de los saharahuis tiene si se ahonda en el problema orígenes políticos (históricamente la zona de la cuenca -ahora seca- de Río Blanco ha sido administrada por los nativos de esta tierra,es decir los propios saharahuis, desde siempre), pues son convenios entre países (firmados además fuera de éstos) los que han matado,separado familia, y enviado a los habitantes de éste país fuera de su tierra, así como condicionado a todo lo que vemos hoy día. Y este sentimiento es que el que sentía contínuamente estando en El Aaiún (igual que en el resto de la zona ocupada del Sáhara Occidental).

    Hola Lola! Muchas gracias por tu comentario! La única locura de no repetir ese viaje es no hacerlo por que es una ruta preciosa! Yo lo hice íntegramente en autostop el verano del 2009, así que todo lo que escribo y conozco tiene esa antigüedad. No obstante, puesto que pensé en bajar este puente para ver de cerca la realidad actual, sé de primera mano (amigos saharahuis que están allí) que el acceso a la ciudad está prohibido. La semana pasada tras el ataque a las jaimas de las afueras también se bloqueó la carretera (que imagino sabrás que es la única que puedes tomar, no hay otra) en las inmediaciones de El Aaiún, así que era imposible circular al Sur. Hoy en día creo que sigue igual la cosa, aunque no sé como cambiará de aquí a un mes. Puesto que tengo amigos allí con los que seguiré en contacto, si te puedo ser de ayuda avísame y te voy contando qué me dicen ellos respecto a la carretera.

    Muchas gracias de nuevo a todos!

  5. Lola

    Pues ya que te ofreces, sí que me sería de gran ayuda tener información de primera mano sobre el estado de la carretera, porque no me fío nada de la información oficial.
    Coincido contigo en que la ruta es preciosa, en mis dos viajes anteriores, en condiciones normales lo ha sido, a pesar de las numerosas paraditas de control policial, pero en estas condiciones, la verdad, no sé si me atrevo.

  6. Antonio Aguilar

    Perdona Lola por la tardanza en responder. A día de hoy sigo sin saber cómo está la carretera. He telefoneado varias veces a mis amigos saharahuis pero no consigo contactarles.

    Oficialmente no hay comunicación de que esté cerrada la carretera, pero la experiencia me dice que nunca hay que fiarse de lo oficial, así que sinceramente poco más puedo aportar ahora mismo.

    Ya me contarás si pudiste bajar y qué viste por la zona!

  7. Lola

    Antonio,
    gracias por tu comentario. Pues te diré que como yo tampoco me fiaba de la información oficial, no me he arriesgado a pasar por El Aaiún con pasaporte español aunque, según mis últimas noticias de primera mano(no oficiales, sino personales) no hay diferencia, con respecto al año pasado, en cuanto al tránsito por la carretera. Eso sí, controles policiales cada dos metros pero los normales, ni más ni menos que antes.
    Por lo tanto, no he anulado el viaje, tan sólo lo retrasaré.

  8. aurota

    Hola Antonio, he leído todo lo que cuentas sobre los saharauis. Ya sabía la vida que llevan, no de primera mano, sólo por la prensa y por lo quieren contarnos en televisión.
    Te doy las gracias por ponernos al corriente de como viven ( en su destierro )el día a día, de su hospitalidad y de como algunos conservan su identidad española. Es una verguenza que en el siglo veintiuno ocurran estas cosas, que nadie haga nada por nadie, por tantas personas que luchan por sus derechos, derechos que son legítimos.
    No creo que valga de mucho protestar por injusticias como esta y peores, pero mientras lo hagamos tendremos algo más de humanos y, quizas de alguna manera, si alguien lo lee, verá que toda la sociedad no está anestesiada y que una parte de ella se rebela contra el sistema.

    Un saludo.

    Aurora

  9. Victor

    Buenas Antonio. No se si te he dejado alguna vez algún comentario antes, pero si que te he leido mas artículos. Sobre este tema la verdad que es dificil expresarse objetivamente y tu lo has conseguido. A mi me falta saber más del lugar para poder hacerlo y por eso no me manifiesto, pero leyéndote, me doy cuenta que lo mejor que tenemos en “el globo” (como lo llamas tú), somos nosotros, la gente, sin ninguna frontera de por medio, todos somos iguales puesto que partimos de la misma base. Espero que la hospitalidad no se pierda en estos lugares, puesto que en muchos otros ya casi no la tenemos.

    Un abrazo.

  10. Antonio Aguilar

    Hola a todos!

    Muchas gracias por los comentarios.

    Lola, ayer supe de primera mano hablando con amigos saharahuis que todo sigue con normalidad. Muchos más controles en la carretera (todavía más, si…) pero ya está. Espero que disfrutes del viaje.

    Aurora, muchas gracias por tu visita. Lo cierto es que la realidad saharahui es triste, y marcada, nos lo quieran vender de una u otra manera, por el dinero. Por dinero e intereses comerciales los gobiernos no se implican como deberían (pues todos los implicados sacan tajada económica de este territorio) para solucionar este largo conflicto.

    Victor, qué alegría leerte por aquí. Yo también me he leído tu güeb varias veces y también me encanta Londres. No me importaría vivir allí una temporada. Una de las cosas que viajar me ha enseñado es que la gente es hospitalaria donde quiera que vayas, al margen de lo que los medios y quienes los controlan quieran mostrarnos. En los países árabes la hospitalidad es extrema.

    Muchas gracias a todos por vuestras palabras de nuevo!

  11. Victor asturias

    Hola Antonio,

    Enhorabuena por el relato, en el que describes de una manera concisa la situación de Aaiún. Increíble !! que tengan todavía apego a España cuando nos fuimos a la “francesa”, también es verdad que coincidió con un momento político “delicado” en España. Pero, no se tuvo en cuenta para nada la idiosincrasia del pueblo saharaui y ahora lo están pagando con una situación que se eterniza y que tiene una solución muy difícil.

    Un abrazo.

    • Antonio Aguilar

      ¡Hola Victor!

      Qué alegría leerte por aquí. Pues sí, la situación del Sahara Occidental no es nada fácil. Sin embargo, hay mucho interés político (tanto por ellos como por otros países) de por medio, y por eso en mi opinión no hay avance alguno en el proceso, pese a la voluntad de los habitantes de este país.

      Un abrazo compañero!

  12. JESUS

    Yo también vivi esa experiencia,hace unos pocos años con un amigo desde MADRID a Nouadhibou(Mauritania) en un TT, atravesando Marruecos, y pasando por El Aaiun.La carretera que conduce hasta Dajla es paralela a la costa, y las vistas son impresionantes, con el Océano Atlántico a la derecha, y cadenas de dunas a la izquierda. Para repetir en Autocaravana y con tiempo.

  13. Elmer

    HOla Antonio! Muy Bueno tu post. Estoy planeando hacer la ruta de Dakar a Marrakech en agosto. Tu que tienes contactos por la zona per podrias decir si es seguro viajar con mi cuenta? Cómo ye mueves?

  14. Elmer

    HOla Antonio! Muy Bueno tu post. Estoy planeando hacer la ruta de Dakar a Marrakech en agosto. Tu que tienes contactos por la zona me podrias decir si es seguro viajar con mi cuenta? Cómo te mueves?
    Muchas gracias!


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