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Curiosidades de la etnia mentawai

Como conté hace poco, en este viaje a Asia tuve la suerte de convivir unos días con los miembros de la etnia mentawai en las junglas de Siberut. Cuento la experiencia como una de las mejores de mi vida, y las reflexiones, enseñanzas y dudas que me planteó no son pocas. Hoy comparto aquí algunas curiosidades que observé. Me abstengo de hacer comentarios y valoraciones. Cada vez creo más que valorar una cultura por la sesgada visión que vivir unos días con ellos me otorga no es más que caer en la fácil crítica (o halago) que la óptica etnocéntrica con la que juzgo me da. Sin más, he aquí algunas de esas anotaciones:

– Los mentawai fuman. Mucho. Empiezan a hacerlo a una edad cercana a los diez años y la vejez no es motivo alguno para dejarlo. Fuman hierbas que seleccionan en la jungla, y las lían con corteza de palmeras reblandecidas.

– Siendo el uso del dinero en las comunidades relativamente reciente, la riqueza se sigue midiendo en cerdos. Estos animales son cazados en la selva – y luego criados cerca de las umas-, lo que hace que la riqueza de una persona depende del propio trabajo y no de herencias.

– Careciendo de documentación o censo que los identifique, los mentawai ignoran su edad. No se trata de un problema burocrático, simplemente no tienen consciencia del tiempo ni les importa lo más mínimo, pues no la necesitan. Se es adulto cuando se puede afrontar una vida madura, y anciano cuando el cuerpo se resiente. Si alguien debe contar el tiempo, por el motivo que sea (por ejemplo saber los días que faltan para una ceremonia a la que se ha sido invitado en algún lugar lejano) cortan un palito en tantos días como queden para el evento, y cuando no queden más trozos parten a la celebración.

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– Los tatuajes (titi en lengua mentawai) que caracterizan a esta etnia no responden a una cuestión meramente estética. Algunos de los dibujos indican a qué clan pertenece cada persona, otras de las líneas son genéricas para apelar a la protección de los espíritus de la naturaleza, indicar al adversario que se es un fuerte guerrero y otros sólo se ganan cuando se acumulan méritos. Así, observar el cuerpo tatuado de un mentawai adulto es también leer, de alguna manera, su currículum vitae. Empezaban a tatuase en la niñez y las últimas líneas se trazan ya en la madurez. Los tatuajes sirven además para que los ancestros reconozcan al fallecido una vez se una a ellos. El precio por ser tatuado asciende a: un cerdo, una palmera cocotera, un árbol de durian, otro de sago y varios pollos.

– El alma (ketsat) tanto de una persona como de cualquier ser (vivo o no) es un ente al que hay que cuidar, mimar y tratar bien. Una manera de tener a la propia alma contenta es embellecer el cuerpo que la contiene. Tatuajes, dientes afilados, flores, semillas o pinturas son usados para tal fin por hombres y mujeres. No hacerlo incita al alma a vagar libremente pululando alrededor del cuerpo, pudiendo abandonarlo y dirigirse al encuentro de todas las almas ancestrales.

– Creen que la salud depende de la armonía que se tenga tanto con uno mismo como con la naturaleza. Una enfermedad es entendida en esencia como una pérdida, total o parcial, de la propia alma, causada por haber “enfadado” a algún espíritu. En última consecuencia, alguien sin alma muere. Es únicamente el sikereh (chamán) quien puede restablecer la armonía original calmando a los espíritus enfadados, frecuentemente debiendo involucrar algún sacrificio.

 – De lo anterior nacen una serie de códigos y conductas para mantener a los espíritus contentos y propiciar la mencionada armonía. Por ejemplo, antes de una cacería los hombres no pueden bañarse ni dormir (ambas cosas le harán perder habilidades), sólo comen carne en ceremonias, frutas cuando es temporada y en general extraen de la selva lo estrictamente necesario para subsistir. Antes de cazar, cortar una rama o arrancar una fruta deben pedir perdón al espíritu correspondiente y explicar el porqué del acto.

 leer-futuro-visceras[Leyendo el futuro de un enfermo en las vísceras de un cerdo salvaje.]

– Una de las maneras de predecir el futuro es sacrificar un animal, generalmente cerdo o gallina, y leer el porvenir en las líneas que aparecen dibujadas en su corazón y algunas vísceras. Sólo los sikereh pueden hacer tal cosa, y un pronóstico negativo debe ser siempre avisado a los seres cercanos para que estén alerta.

– Aunque el destino de un enfermo dependa del sikereh, los rituales y ceremonias se complementan con medicina que extraen de las plantas de la selva. Resfriados, infecciones, fiebres, dolores de diversa índole, picaduras de animales venenosos (en las selvas de Siberut abundan) y otras enfermedades comunes son tratadas con hojas, salvias, raíces, flores, tallos… Lo que me dejó de piedra es que ¡también conocen cómo obtener anticonceptivos de la propia naturaleza!

– Al saber esto planteé las inevitables preguntas interesándome por la vida sexual en esta cultura en la que carecer de intimidad es rutina. Las parejas que desean tener hijos buscan su lugar en la propia jungla siendo el regazo de algún árbol suele ser el lugar elegido. “¿Y no practican sexo por mero placer o como muestra de amor?”, pregunté. “Claro que sí, una o dos veces al año. Y para ello se van también a la jungla.

– Antes del matrimonio, el novio debe entregar al padre de la novia una cantidad (en cerdos y gallinas) equivalente al gasto que la hija ha supuesto desde su nacimiento. Aunque no es frecuente, el divorcio existe, y en caso de que ocurra, el padre debe devolver al novio todos los cerdos y gallinas entregados.

– En las últimas décadas dos tsunamis han azotado la isla de Siberut. La explicación de esta etnia al fenómeno es sencilla: son los dioses y ancestros quienes lo provocan.

– La alimentación de los mentawai se basa en el sago, un árbol que se procesa para obtener una pasta rica en hidratos de carbono que comen a todas horas. Frutas salvajes complementan la dieta y en ocasiones especiales, generalmente tras alguna ceremonia, comen carne. No es raro c0mer los propios gusanos del sago, del tamaño de un pulgar, que a veces fríen, otras cuecen y otras simplemente los comen vivos.  Beben el agua de la lluvia que previamente hierven.

– Las umas (casas) de los mentawai se construyen entre varias personas. A veces se pide ayuda a otras, a las que se compensa con cerdos. Nunca se olvida tallar entre la madera algún pájaro, mono u otro animal para que los espíritus de los árboles talados, aunque ya les hayan pedido perdón, estén entretenidos.

craneos-decoracion-tribal[Los cráneos de monos tras ser usados en ceremonias son colgados en las puertas de las casas.]

– La decoración de la casa es sencilla. Sorprende ver un buen número de cráneos de monos colgando del techo y apuntando al exterior del hogar. Son aquellos empleados durante las ceremonias. Opuestos a ellos, mirando al interior de la uma, están los cráneos de los cerdos, que de alguna manera hablan de la riqueza económica de quien habita en ella.

– En la última uma que estuve, una de las noches el sikereh hablaba con mi guía. En un momento dado les interrumpí y pregunté de qué hablaban. Y mi guía tradujo: “Hace unos meses vinieron unos hombres. Nos cambiaron seis cerdos por un motor para la canoa. Prometieron traer el motor dos días después, pero aún no han vuelto. Cuando lo hagan les mataremos.” Rápidamente pregunté si el “mataremos” (kill them) era una traducción literal. La afirmación fue rotunda. EL sikereh, que sin entender una mísera palabra de inglés captó a la perfección la traducción gesticuló al mirarle simbolizando un arco y varios machetazos.

– Para algunas ceremonias es necesario cazar monos que luego se comen hervidos. No vale cualquier mono, sino una especie negra y pequeña habitual de la isla de Siberut. El último día, caminando por la jungla escuché gemir a un grupo de gibones. “¿Estos no se cazan?”, pregunté. “No, no, los gibones son sagrados, jamás pueden cazarse. Sus aullidos indican zonas donde moran espíritus de otros hombres, así nos avisan”.

– Aunque ya no se sigue practicando, hasta hace no tantos años los cadáveres eran colgados de árboles seleccionados, y la propia naturaleza se encargaba del cuerpo. Hoy en día tras una ceremonia de funeral el difunto es enterrado.

mentawai-chaman[Un sikereh (chamán) cogiendo plantas de la selva para curar a un enfermo.]

– Tuve la suerte de conocer a algunos sikereh que en algún momento salieron de la selva, sea a los escasos poblados en la costa de la isla o incluso a Padang, una caótica urbe poblada por millón y medio de almas. “Si hubiera tenido mi propio barco me hubiera vuelto remando”, me afirma uno mientras la cara se le desconfigura al recordar la experiencia.

– Muchas de las costumbres mentawai comienzan a desaparecer. El gobierno indonesio ha construido poblados en las fronteras de la jungla para sacar de ella a estas personas. Han debido hacer su labor bien, porque no faltan casas en estos nuevos poblados. Pero la tradición sigue pesando más que la ley. En estas aldeas vi sikereh hacer ceremonias y dar medicinas a algunos enfermos. Recurren siempre a ellos antes que a la medicina occidental (que pueden comprar y transportar río arriba). Lo que me chocó fue escuchar de mentawai que han vivido más de cuarenta años en la jungla decir que tatuarse, afilarse los dientes o usar un taparrabos de corteza de árbol, costumbres todas propias de esta etnia, son costumbres salvajes y paganas.

NOTA AL LECTOR:  Si te ha interesado, puedes leer la experiencia completa de los día que pasé con los mentawai aquí.

Cansado del "viajar para encontrarse a uno mismo", comencé a hacerlo para buscar al otro. Querer no sólo ver sino experimentar en primera persona la diversidad cultural de nuestra especie me ha llevado a convivir con tribus, viajar con nómadas, dormir con anacoretas en cuevas o monjes en monasterios, entre otras experiencias. Y sin quererlo encontré en todos ellos ese yo que buscaba. Viajo a pie, en autostop o transporte público y aquí comparto lo que voy viviendo en el camino.

Hay 7 comentarios

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  1. Una antropóloga en la luna

    Hola Antonio. Creo que en tus relatos te pasa como lo que le pasaba a Luis Pancorbo, que no sabía si sus documentales eran tan sesgados por su visión (como escribes tú) o por la presencia de los aparatos occidentales, que mentían a la realidad. Bueno, pues con esta duda se fue a entrevistar al antropólogo Levi-Strauss, y éste le contestó: “Le voy a dar un ejemplo –dijo–. Imagínese que la televisión o el cine hubiesen existido hace dos mil quinientos años, y que nos encontráramos por casualidad una película que nos mostrara la vida cotidiana en Atenas o en Roma. Probablemente sabríamos mucho más acerca de los griegos o de los romanos que a través de la copiosa literatura que se ha escrito al respecto. Y como usted va a filmar poblaciones que espero que no desaparezcan físicamente pero cuyo modo de vida, en cualquier caso, se transformará radicalmente en los años venideros, recogerá usted testimonios de un valor inestimable” Te paso la respuesta, y te doy las gracias por tu divulgación. Y claro, yo divulgo lo tuyo.

  2. Paco Aguilar

    Interesantísimo el registro de costumbres que nos muestras, fruto de tu curiosidad por conocer más y mejor estas etnias (por mí desconocidas) que vas encontrando, o buscando, en este viaje que creo que está superando todas tus espectativas. ¡A seguir haciendo camino y a mostrarnoslo con el arte que te das! Buenos vientos y mejores sendas.

  3. javier tripi

    Que interesante y espectacular es lo que cuentas, que experiencias tan enriquecedoras. Gracias por transmitirlas y darlas a conocer de una forma tan formidable.
    Que tal una escapadita y hacer una ruta de vias ferratas por Aragón? Animate !!!
    Buena estrella y sigue la senda.
    Bsks Gordiks desde Zaragoza


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