El tren más largo del mundo

Esparcidos por este planeta, existen varios trayectos únicos, rutas o caminos que destacan por su originalidad y peculiaridad que ningún viajero que se precie debe obviar. Un recorrido bastante curioso, con el que abro la primera entrada de este sitio, es una vía de tren cuyos raíles no se encuentran paralelos a carreteras y cruzando pastos, sino que irrumpen lentamente haciéndose paso entre la inmensidad del Sahara. Lejos de la convencionalidad de de los trenes a los que estamos acostumbrados, este no es un tren de pasajeros al uso, sino un vehículo de carga de mineral de hierro que transporta dicha piedra desde la mina de Zouerat hasta el enclave pesquero de Nuadibú.

Al ser Mauritania un país cubierto por la arena del Sahara,es el viento quien juega a su antojo a esconder las pocas pistas que lo cruzan. Por eso, moverse por este país sólo resulta posible por la pista que lo recorre de Norte a Sur, y la que conecta la capital, Nouakchott con Atar, antiguo caravanserai en el Noreste del país. ¿Pero qué ocurre cuando alguien necesita trasladarse de Este a Oeste? Es entonces cuando los africanos hacen uso de su pícara sabiduría, y deciden montarse en un tren que nunca se pensó para transportar personas.

Tren más largo del mundo cruzando el desierto en Mauritania

No pocas veces escuché en África que “vosotros tenéis los relojes, pero nosotros el tiempo”. En la idiosincrasia de este continente, las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir, y la importancia religiosa, casi fanática, que damos a los horarios en Europa les suena a veces a chiste. Esto se nota especialmente al abordar un medio de transporte, donde lejos de saber a qué hora vas a llegar, no sabes ni a la que vas a salir. Así, nadie en Nuadibhou supo decirme cuando partía el tren, ya que, al depender del ritmo de trabajo de la fábrica, carece de horario fijo. Quise ser precavido, y llegué con cierta antelación a la habitación de tres paredes que hace las veces de estación, o más bien un refugio para cuando el viento sopla fuerte y la arena se mete en todos los recovecos de tu cuerpo. Es en esos momentos cuando te das cuenta de que el tuareg no es una prenda estética, sino una necesidad para proteger tu cuerpo frente a los mil granos arenosos que el viento acierta a estrellar contra tu cara. Empecé a dar conversación a otros pasajeros, mientras, poco a poco, y sobre cajas de cartón, se formaban puestecillos que vendían comida para el camino. Cuatro horas después un enorme ruido provocó el alboroto de los que esperábamos.

Pero la espera venía de antes. Yo ya llevaba varios años esperando subirme en el que es el tren más largo del mundo, y es que sus doscientos vagones se extienden por cuatro kilómetros de vías (un tren normal en España apenas roza los doscientos metros). De hecho, aunque la enorme serpiente de vagones encadenados tardase varios minutos en pasar, fue en unos de los del primer tercio del vehículo en el que nos subimos furtivamente una vez hubo frenado. Lo traccionan tres enormes locomotoras, y cuando los motores (unos tres mil quinientos “caballitos de nada” cada uno) arrancan, la gente va gritando desde el comienzo hasta el fin, para prevenir a los otros pasajeros, pues una especie de “efecto dominó” algo violento se transmite vagón a vagón hasta conseguir ponerlos todos en movimiento.

Poco después de arrancar, el viaje de repente tornó un matiz tan minimalista como mágico. A ambos lados de la vía se extendía desierto, transmitiendo una extraña sensación de tranquilidad y desconocimiento, que sólo las enormes manadas de camellos salvajes que corrían al pasar el tren, o algún asentamiento nómada, se encargaban de romper. Mis compañeros de vagón, preparaban té. Varias veces tomamos, siguiendo la costumbre, las imperativas tres rondas (una amarga como la vida, otra dulce como el amor y un tercera insípida como la muerte), hasta que cayendo la noche me apercibí de que tenía sobre mi el cielo más estrellado que jamás haya visto. Tal era la emoción por ver semejante cantidad de estrellas, con tanta claridad e intensidad, que no pude unirme al sueño de mis nuevos amigos, y me entretuve mirando paisaje y cúpula celeste hasta que al amanecer hicimos parada en el asentamiento de Chuom, donde me apeé e hice autostop. Me recogió un todoterreno cargado de té verde de importación china y pescado fresco, todo traído en el tren. Iba sentado sobre la propia carga, -tampoco había otra opción-, y rápidamente el hedor se marchó, o más bien, me dejé extasiar por los espectaculares paisajes que la erosión ha esculpido sobre el Sahara. Me contaron que alguna edición del “París-Dakar” había atravesado años atrás por esos mismos parajes.


¿Ves los camellos?

¡Se acabó el viaje!

Días después, desde la sacra Chinguetti, volví a Chuom para continuar mi regreso a España por tierra. A más de cuarenta y cinco grados, compartía, bajo la única sombra del pueblo, una bandeja de cordero con arroz, amén de entretenida conversación, con unos saharauis. Pasada la media tarde, al fin llegó el tren. Corriendo nos montamos, esta vez no dentro del vagón, sino sobre las toneladas del ennegrecido mineral que transportaba. Las tantas horas de trayecto y las varias tormentas de arena se encargaron de teñir tanto  piel como  ropa. Incluso a mi vuelta a España, conseguí hacer un montoncito de tierrecilla ennegrecido al lavar la mochila. Muchas mujeres se agrupaban en un único “vagón”, que algunos hombres habían “acomodado”, cubriéndolo de mantas para evitar que se ensuciaran. Saltábamos de un vagón a otro para compartir té, galletas o algún fruto seco, y llegada la hora, para hacer una fogata en la que cocinar cena para todos. La camaradería que se creaba se asemejaba a la de una gran familia. En el camino, mis amigos de la otrora provincia española me contaban, entre otras cuitas, como, durante la guerra entre Mauritania y Sahara Occidental, el tren era a veces atacado por facciones de ambos bandos, pues se usaba para transportar comida, armas o personas entre los territorios enfrentados.


Saltando entre vagones para hacer de comer.

Preparando té en el tren.

Ya caída la noche, vino otra parada que tomaría horas. Observé que, paralela a la vía, corría, en ese tramo, una segunda. Debíamos esperar a que nos pasase el tren que venía en sentido contrario. Si éste es un vehículo de superlativos, también debe ser así la paciencia de quien decide abordarlo. Al amanecer siguiente, tras diecinueve horas de trayecto, llegamos a la caseta de Noadibú, donde días atrás me había montado en los vagones entonces vacíos, y en la que se hace una última parada antes de entrar en su factoría. Ayudé a algunos comerciantes a descargar las miles de cajas de mercancía que cargaban en furgonetas o burros, y proseguí mi viaje, contento por haber experimentado tan peculiar ruta.

¡Bienvenidos a bordo!

NOTA: He querido dejar el texto anterior tal y como lo escribí, por el cariño de ser el primero que redacté para esta web.

Segundas partes, también fueron buenas…

 

Llegué a Zouerat de manera poco ortodoxa, esquivando los controles cercanos a la ciudad para no ser descubierto tras haber visitado de forma furtiva los territorios del Sahara Occidental liberados por el Frente Polisario. Había determinado volver a viajar en el tren, así que tras hacer noche con ellos, me acompañaron con su todoterreno a la estructura metálica que hace las veces de estación, donde nos despedimos cariñosamente. Sabiendo que el tren vendría con retraso, fui, a saludar a los militares de una caseta cercana, ignorando aún mi suerte, y es que, mientras compartíamos las imperativas rondas de té, se levantó una tormenta de arena, y pude guarecerme un poco.

 Puedo dar fe de que siguen existiendo, pero es cierto que las épocas de las grandes caravanas del desierto, con hordas de camellos moviendo mercancía entre una parte y otra de esa gran alfombra arenosa que es el Sahara, pertenecen al pasado. Corren otros tiempos, sin embargo, la pista que cruza el desierto uniendo el océano con Zouerat no es buena, y los comerciantes mauritanos ganan considerablemente en seguridad, tiempo y dinero usando la vía ferrea para transportar sus bienes. Eso explica que incluso horas antes de que llegase el tren, varios comerciantes apilasen sus mercancías junto a la vía. Aproveché para hablar con algunos de ellos mientras esperábamos. Había quien se entretenía haciendo té. Otro incluso dormía, y en general todos hablaban, gritaban y contaban historias. Los saharauis, que habían viajado durante tres días desde los campamentos de Tindouf, sorprendidos de encontrar un español por allí, me ponían al día de las novedades en su exilio.

Y con el estruendo de la llegada del tren, el alboroto se desató instantáneamente. Todos chillaban mientras corrían, tropezaban, cargaban dificultosamente maletas y bultos y procuraban subirse rápido a los vagones que parecían más cómodos. La escena era un espectáculo. Me uní varios de los comerciantes, a los que ayudé a subir la mercancía. Resumo lo que viví aquel día en los siguientes pies de foto.

 

Estación del tren del desiertoLa estación del tren más largo del mundo.

El tren más largo del mundo llega a la estaciónHubo suerte. Sólo llegó con cuatro horas de retraso.

Cargando mercancía ilegal en el trenEn la espera me invitaron a té, conversación y regalaron sonrisas. Les correspondí ayudándoles a cargar.

cargando el tren en mauritaniaLas subían casi bailando. Eran grandes profesionales. Yo sólo gané por goleada en sudar más haciendo menos.

burro en tren¡Hay que ser muy burro para no querer viajar en el tren más largo del mundo!

Cocina del trenTras el trabajo, tocaba cocinar a fuego lento. Todos comimos con la mano de la misma olla.

Atardecer en el desierto del SaharaPensé que excluyendo a las personas, lo mejor del viaje son los atardeceres. Pero supe que mentía cuando la noche llenó el cielo de estrellas.

IMG_2978Despertamos, pero todo parecía igual. Que cada día sea distinto depende de uno mismo.

Y así, veintitantas horas de tren después, llegamos a Nouadibhou, donde el tren para unos minutos antes de entrar en el puerto de la SNIM, la empresa que lo gestiona, de alta estima entre los mauritanos, y que pese a repartir ganancias entre varios países, no deja tantos beneficios en su nación. Ayudé a mis compañeros de vagón a descargar sus cajas y sacos, y desde la cercana carretera hice autostop, continuando mi lento regreso en autostop hasta España.

He vuelto a África muchas veces más. Y a Mauritania. Y al tren. Incluso he trabajado como logista y guía para una producción audiovisual centrada en él. Y más allá de su kilométrico traquetear, lo que con la óptica del tiempo siempre recuerdo es a su gente y camaradería. No hay máscaras de por medio. Siempre se muestran tal y como son, y por ello, las despedidas suelen ser tan sencillas como directas, cargadas de buenos deseos, asumiendo que es harto probable que jamás nos reencontremos. Pienso ahora y recuerdo las historias de guerrilleros saharauis relatándome cuitas bajo las estrellas, los mil tés con aquel comerciante que siendo niño huyó de la esclavitud, aquel portador de mercancía que infatigablemente aborda el tren durante veinticinco veces seguidas para ganarse el pan, a sus mismos conductores, y particularmente el que lagrimaba confesándome lo imposible que es frenar cuando un camello se cruza en el camino, y explicándome así porqué aparecen tantos muertos cerca de las vías, o un padre que desde un poblado del desierto decidió llevar a sus hijos a ver el mar, o aquel políglota que cada tres días iba al puerto de Noadibhou a comprar pescado, que revendía en la secadez del desierto al doble de su precio, y con eso hacía su vida, entre otros muchos.

Apéndice fotográfico:

 

tren de mercancias mas largo

rezando sahara musulman trenÚltima oración del día, antes de dormir, en dirección a Meca.

cocinando trenPreparando té. Quienes cogen el tren a diario, se vuelven maestros en cocina en condiciones peculiares.

estacion tren desierto mauritaniaEsperando al tren. Los bidones amarillos son para comerciar gasolina.

El tren no es cómodo, las esperas son frecuentes, indeterminadas e imprevisibles, durando siempre horas. Los restos de mineral aguantan en la ropa, mochila y calzado hasta meses después. Las tormentas de arena hacen imposible comer. Pero por todos los motivos que he contado en esta página, uno lo acaba amando. Veo en este gigante metálico, y el mundo en torno a él el perfecto reflejo del continente africano, o al menos de lo que conozco de éste. Volveré a África, volveré a Mauritania, y volveré a sentir la magia de adentrarse en el Sahara en el tren más largo del mundo.

38 Personas dejaron una huella:

  1. 6 abril, 2010  11:01 Huella dejada por Franxumino Gran Torino Responder

    Aunque ya conocía esta historia, creo que de tu fotolog, me ha gustado mucho leerla en tu blog. Me gusta que no sea una simple narración y te dejes llevar por la emoción con que viviste el viaje; es lo que la gente que te quiere necesita: saber donde está la esencia de tus viajes y verte crecer con ellos.

    Cada vez que leo algo así siento una enorme alegría. Me hace sentir un poco más libre el hecho de saber que existen personas capaces de elegir, de mearle los pies a la monotonia y escapar. Bien Toni.

    Animo con tu nuevo blog ! Solo te diría que pongas el botón para comentar inmediatamente después del final del texto. Pero no me eches cuenta, ya sabes que soy muy protestón. Está genial. :D

  2. 12 mayo, 2010  8:15 Huella dejada por Jorge Responder

    ¡Qué buen reportaje! La foto principal es espectacular, y también el texto. Vaya aventura ¡Gracias Antonio!

  3. 19 junio, 2010  9:32 Huella dejada por Blai Responder

    Hola Antonio!
    He estado deambulando un poco por tu blog y me ha llamado mucho la atención tus vivencias en este tren tan peculiar. La verdad es que ya había oído hablar del tren en cuestión, pero nunca había leído ninguna experiencia de nadie.
    Me ha parecido increíble! De una valentía y espíritu viajero alucinante; de verdad. Me has dejado sin palabras.
    Eres un gran viajero!

    Ánimos con el blog, y feliz viaje por tierras asiáticas!

  4. 30 agosto, 2010  8:33 Huella dejada por Isaac Responder

    Brother, escribís macanudo!

  5. 7 septiembre, 2011  22:02 Huella dejada por fail Responder

    Impresionante. Muy buen articulo y fotos... vaya pasada de tren.

  6. 7 septiembre, 2011  23:21 Huella dejada por Rafoliux Responder

    Ya quiero ver ese cielo estrellado..!
    Buenas Vibras..!!

  7. 7 septiembre, 2011  23:55 Huella dejada por Francisco Miranda Responder

    El artículo es muy entretenido. No obstante, te sugiero una revisión gramatical, ya que confundes frecuentemente "si no" con "sino". De hecho lo escribes siempre separado cuando deberían aparecer ambas palabras juntas y se hace algo incómoda la lectura. Echa una ojeada y lo comprobarás.

  8. 8 septiembre, 2011  2:02 Huella dejada por Andrés Responder

    Corrección sabionda: los trenes de mercancías en España suelen ser entre 400 y 500m, desde luego no le hacen sombra a este pedazo monstruo.

  9. 8 septiembre, 2011  3:32 Huella dejada por Ani Lopez Responder

    "uno amargo como la vida, otro dulce como el amor y un tercero suave como la muerte" Algún día volverá a Mauritania. Gracias por tu relato.

    • 8 septiembre, 2011  3:33 Huella dejada por Ani Lopez Responder

      perdón "volveré"

  10. 8 septiembre, 2011  5:20 Huella dejada por Ivan | Segunda Mano Responder

    Si observáis la frontera entre Mauritania y Sahara /ex colonia española) veréis una extraña curva que no sigue el trazado rectilíneo del resto de la frontera: ¡Precisamente para qué la "montaña de hierro" Zouerat estuviera en lado "francés" y no en el "español". (Cosas del reparto colonial)

  11. 8 septiembre, 2011  9:13 Huella dejada por Gerard Responder

    Muy hermoso el artículo y una gran experiencia que no deja indiferente. Me gusta el contenido de este blog.

  12. 9 septiembre, 2011  0:09 Huella dejada por Inés- Mis viajes por ahí Responder

    A menudo los trayectos entre lugares proporcionan experiencias inolvidables. Cada una de "tus historias" nos dan a conocer lugares, personas y situaciones que muestran la variado y peculiar que es este planeta. Me alegra que haya personas como tú que no sólo sientan curiosidad por el mundo sino que también se esfuercen en mostrárnoslo. Nos vemos pronto, Antonio!

  13. 13 septiembre, 2011  18:17 Huella dejada por Mohamed Responder

    Soy mauritano, y vivo en España desde hace 3 años, he visto en mi vida varios reportajes sobre este tren tan extraño tando de prensa escrita como audiovisual...pero jamás me han gustado igual que este relato bien escrito y pensado. Solo quiero añadir que no hace falta pagar dinero para coger dicho tren, ya que es gratis, si vas en los vagones claro. Los habitaciones son para la gente que trabaja en la empresa y sus familiares, o los que pagan. Un saludo a tod@s

  14. 13 septiembre, 2011  22:15 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

    ¡Hola a todos!

    Muchas gracias por vuestros comentarios. Me agrada ver que hay alguien que lee esto y además deja una huella a hacerlo.

    Fran: Muchas gracias amigo,tu fuiste el primer lector de este blog cuando aún estaba en pañales. A ver si me libero un poco de carga y lo actualizo con frecuencia, que los cuadernos de viaje me están cogiendo polvo.

    Jorge: Muchas gracias por tus cumplidos. Espero verte pronto por aquí y que compartas tu también alguna aventura viajera, que seguro que tienes muchas...

    Blai: Tú eres el joven viajero con el futuro más prometedor de todos. Ya quisiera yo a tu edad haber vivido lo que tú. ¡Un abrazo amigo!

    Isaac: ¡Muchas gracias compadre por tus halagos!

    Fail: Muchas gracias. El tren este es una experiencia cuanto menos curiosa.

    Rafoliux: Ya quisiera yo haber guardado alguna foto de ese cielo, desgraciadamente la potencia de mi cámara no llega para tanto y tengo que conformarme con mis recuerdos. ¡Te animo a montar en el tren tú mismo, seguro que ves un cielo precioso!

    Francisco: Muchas gracias por el aporte. A saber en qué estaba pensando cuando lo escribí.Todo corregido ya.

    Andrés: Pues sí, la verdad es que el tren es tremendamente largo. ¡Lo recorrí de un extremo a otro y me tomó cuarenta y cinco minutos! Por algo es el tren más largo del mundo. Muchas gracias por tu comentario.

    Ani: Mauritania es un país con mucho encanto,imagino que compartimos opinión. Espero que si realmente lo deseas puedas volver y seguir conociéndolo. Muchas gracias por tu aporte.

    Ivan: Sí, tristemente el reparto en esta zona se hizo así. Si se observa detalladamente hay muchos casos parecidos en la geografía africana. Al final el dinero se acaba anteponiendo a cualquier cosa... Gracias por tu visita y comentario.

    Gerard: Muchas gracias por pasarte. La verdad es que me gustó mucho ese tren, tanto que este pasado verano estuve de nuevo en Mauritania y lo tomé de nuevo. Es una experiencia que te animo a probar alguna vez.

    Inés: Ya sabes que para mi el propio camino es el viaje. Este tren da juego para "hacer camino" como pocos más. La alegría es mía de tener amigas como tú con quien poder compartir estas historias.

    Mohamed: Muchas gracias por tu visita. Mientras más conozco tu país más me gusta, y este tren es espectacular. Yo nunca he montado en el vagón de pago, siempre preferí subirme a los vagones y disfrutar de los compañeros y del paisaje. ¡Shukran!

  15. 20 febrero, 2012  11:45 Huella dejada por Tiendas Alfombras Responder

    Curioso muuy curioso que el tren mas largo este en esas condiciones y aun asi siga trabajando.

    • 2 abril, 2012  23:46 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      Muchas gracias por tu comentario.

      Pese al aspecto que pueda tener, el tren tiene un mantenimiento medianamente riguroso. No hay que olvidarse que es un tren de uso industrial, y que opera en un entorno de mucha dureza. A pesar de todo, ¡funciona a las mil maravillas!

  16. 2 junio, 2012  20:52 Huella dejada por lluvia Responder

    lo que más me gusta: el sentimiento de comunidad, cercanía y humanidad que cuentas se genera en el tren :)

    gracias por compartirlo!!

    • 2 junio, 2012  20:55 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      Muchas gracias, Lluvia, por tu comentario.

      La idiosincrasia africana es así. Ese compañerismo escribe la rutina diaria de este continente.

      ¡Gracias por tu visita!

  17. 15 julio, 2012  19:26 Huella dejada por JESUS Responder

    Excelente crónica de viaje. Yo lo hice en 1987 desde CHOUM a NOUADHIBOU en similares condiciones. Me falta el viaje inverso, para hacerlo encima de los vagones. En el 74 y 75 tuve la suerte de patrullar por sus inmediaciones en el ex-Sahara Español y los recuerdos son inolvidables. ENHORABUENA

    • 24 julio, 2012  17:44 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      Hola Jesús.

      Muchas gracias por tu comentario y por tus palabas. Ese tren es una maravilla. ¡Qué suerte que conocieras el Sahara en la época española! He escuchado tantos testimonios de aquella estando en tan maravilloso país que a veces tengo la impresión de que yo también la viví. Te animo a que vuelvas y montes en el tren, que es toda una delicia.

      ¡Gracias de nuevo!

  18. 9 diciembre, 2012  11:16 Huella dejada por atunov Responder

    Como tantos otros antes...te felicito por el blog, y te agradezco de sobremanera que compartas tus experiencias con todos lo que te leemos...que al parecer somos muchos, y lo digo por un comentario que he leido, leemos muchos pero solo unos pocos se atreven a decirlo, ya sea por falta de tiempo o vergüenza....a mi particularmente un poco de las dos. Gracias y sigue así, eres pura motiviación.

    • 17 marzo, 2013  22:58 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      ¡Muchas gracias por tu comentario!

      Sí, lo cierto es que agradezco mucho los comentarios, así puedo saber la opinión de quienes pasan por aquí, que es de las cosas más enriquecedoras de escribir tus vivencias.

      Así que soy yo el que debe agradecerte a ti.
      ¡Hasta la próxima, espero!

  19. 17 marzo, 2013  18:11 Huella dejada por Pedro Alvarez Responder

    Una experiencia buenísima...tiene que ser interesante ver parar a esa mole y cuanto tarda en hacerlo.
    Saludos.

    • 17 marzo, 2013  22:56 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      Hola Pedro, gracias por tu comentario.

      El tren va frenando con tiempo, así que no hay una parada excesivamente brusca. Al tener mucha inercia, tarda en parar, pero eso los conductores lo saben de sobra, y lo tienen más que medido.

      Un saludo.

  20. 9 mayo, 2013  11:36 Huella dejada por Ana Responder

    Antonio, haber leido esto, me hace llenarme de recuerdos... sobre todo el de ese cielo estrellado, que pude ver la noche que sentada ahi frente a "la estación del tren" esperaba ansiosa su llegada..Una experiencia inigualable..Saludos

    • 8 marzo, 2014  20:22 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      ¡Gracias por tu comentario Ana! Me alegro de haberte recordado esa noche que seguro te acompañará toda la vida. Las noches en el desierto son mágicas. Un saludo.

  21. 23 agosto, 2013  2:59 Huella dejada por esther Responder

    Recordando mi viaje por el norte de Africa....he recordado ese tren...... y me has transportado a las sensaciones que tuve mientras acampaba en medio de la nada...solo la cálida arena por colchón, algunas piedras de hierro desperdigadas y el cielo estrellado por manta....Espectacular. Las palabras no lo pueden describir....són sensaciones que hay que vivirlas !!!!Aunque, desgraciadamente, muchas personas vivirían estas experiencias como penurias ....Bravo por los amantes de la vida en su estado más puro

    • 8 marzo, 2014  20:24 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      ¡Gracias Esther! Me alegra leer que recuerdes con tanto entusiasmo tu paso por Mauritania. ¿Es un país increíble, verdad? Espero que puedas seguir teniendo muchas experiencias por allí y por el resto de la increíble África!

  22. 9 septiembre, 2013  7:19 Huella dejada por Itziar Responder

    Estupendas entradas, la primera y la segunda, tan llenas de sensaciones. Gracias por dejarnos viajar contigo.

    • 8 marzo, 2014  20:25 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      ¡Gracias a ti por el comentario Itziar, que tú además conoces bien ese tren! Puedo decirte que cada vez que me he montado (han sido más de las que comento en esta entrada) ha sido distinta. Debe ser parte de la magia de ese tren kilométrico. ¡Un abrazo!

  23. 14 octubre, 2013  21:14 Huella dejada por gerardo montevideo uruguay Responder

    Muy lindo tu relato,me senti viajando y viviendo con la gente del lugar ,mi hijo disfruta mucho de estos relatos con sus seis años .seria para nosotros muy lindo qu tu le escribas un saludito para el se llama franco

    • 8 marzo, 2014  20:26 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

      ¡Muchas gracias Gerardo! Claro que sí, es para mi una alegría leer tu comentario. Aquí va mi saludo para Franco, espero que cuando crezca pueda conocer no sólo ese tren sino el resto de África. ¡Un saludo para toda la familia!

  24. 1 diciembre, 2013  13:19 Huella dejada por stephane Responder

    hola me ha gustado mucho el relato y me da ganas de hacer este viaje, tengo muchas preguntas como ha ido hasta el tren de mauritania, donde se compra el billete y si se compra, hay que tener un visado, mejor epoca para vivir esta experiencia en fin me gustaria poner me en contacto contigo saludo

  25. 8 marzo, 2014  20:29 Huella dejada por Antonio Aguilar Responder

    Hola Stephane! Gracias por tu comentario.

    A Mauritania siempre he llegado por tierra a través del Sahara Occidental. Yo suelo ir en autostop, pero hay transporte público tanto en autobús como en taxi compartido si lo deseas. Para montarse en lo vagones no hace falta billete, pero sí un visado que además deberás traer desde tu país (antes podía hacerse en Marruecos, pero ahora ya no). El desierto suele ser caliente, pero aún lo es más en verano, así que si quieres evitar el exceso de calor no vayas en esa época. ¡Espero haberte ayudado! ¡gracias y buen viaje!

  26. 5 junio, 2014  17:44 Huella dejada por Paco Martin Responder

    Extraordinario reportaje, en el año 2007 realizamos una Expedición a DAKAR, habíamos acampado no muy lejos, podíamos ver la vía, estábamos cenando cuando oímos un ruido, como un estruendo que iba creciendo paulatinamente, era el tren!, estuvo pasando durante un buen rato, impresionante!!

  27. 13 septiembre, 2014  12:23 Huella dejada por Antonio Responder

    Gracias, de este tren nunca habia escuchado. Parece el tren de la pelicula Sahara

  28. 22 septiembre, 2014  3:50 Huella dejada por jeanette gil Responder

    LO MAS LINDO DE EL MUNDO Y SIEMPRE LO HE, DICHO CONOCER MUCHAS PERSONAS Y SABER DE SUS NECESIDADES, SUS CONOCIMIENTOS, SABIDURIAS VIVENCIAS SUS RELIGIONES POR QUE , UNO COMO ,PERSONA VE QUE NUESTRA TIERRA ES HERMOSA, SOY VENEZOLA Y HE IDO HA CONOCER PARTE DE MI PAIS Y VEO QUE SU NATURALEZA ES MUY RICA Y MUCHOS VENEZOLANOS NO APRECIAR ESTAS MARAVILLAS, VENEZUELA TIENEN INMEMSOS VERDOR QUE UNO PIERDE LA VISTA POR SU VEGETACION Y TIENE PUEBLOS QUE SON MARAVILLAS PERO MUCHOS NO SABEN DE LO QUE TENEMOS, HERMOSAS PLAYAS, SELVAS , LINDAS ISLAS Y FAUNA HE LLORADO CUANDO UNA PERSONA CORTA UN ARBOL O LO QUEMA ES MUY TRISTE LO QUE ESTAMOS VIVIENDO,POR UN CAPITAL QUE SI NECESARIO PERO NO ACABAR CON LA NATURALEZA QUE NO HA REGALADO NUETRA HERMOSA TIERRA MUCHOS AÑOS Y SIGLO PARA ACABARLO EN SEGUNDOS, QUIERO MUCHO A MI PAIS Y RESPETO MUCHO SU NATURALEZA, TE SALUDO Y QUISIERA TENER MAS VIVENCIAS TE FELICITO Y ERES UNA PERSONA Y DONDE QUIERAS QUE TE ENCUENTRES DIOS TE CUIDARA. AMAR LA BELLEZA DE NUESTRA TIERRA.

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