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Siete postales para siete hermanas

Hermetismo, misterio, desconocimiento, aventura… un sueño. Eso me representaban las siete hermanas, uno de esos lugares con los que fantaseaba desde hace años. Repetirme bajito, casi susurrando, los nombres de estos estados del Noreste de India me revolvía por dentro. Ahora, tras casi tres meses recorriéndolas sin más plan que el que marcaban los encuentros con sus habitantes, mis intentos por ponerme en su piel y el que imprimía el propio carácter del viaje, siento que han sido un auténtico regalo.

Embutidas entre Bangladesh, Birmania y Tibet, estas tierras donde tradiciones ancestrales, religiones primitivas y modos de vida que se antojan ficción permanecen ajenos al resto del mundo, frecuentemente ignoradas hasta por los propios indios, me han hecho garabatear no pocas reflexiones y experiencias en mis cuadernos, así como atesorar recuerdos y vivencias que por mucho que quiera, soy incapaz de transmitir en imágenes. Si bien es cierto que ya no corren los tiempos románticos de exploradores y mapas sin cartografiar que hasta no hace tanto abundaban en la zona, aún son pocos los que la transitan: en nueve semanas no me crucé con ningún otro visitante.

Escuetas en explicaciones – pues espero a compartir las historias con la longitud adecuada -, y con la humilde calidad de alguien que tiene más de curioso que de fotógrafo,  aquí van sin más preámbulos estas siete postales para siete hermanas.

Nagaland

Cocina en casa de un rey de la etnia koniac, en Nagaland.
Alojados durante dos noches en la cabaña del rey de un poblado de la etnia konyac, antiguos cazadores de cabezas. Mientras sus vasallos fumaban opio de la vecina Birmania, nos enseñaba el esqueleto de un tigre que había cazado y nos invitaba a probar rata (Sí, sabe exactamente a lo que estás pensando).  En la imagen, la reina y el príncipe del poblado en la cocina de su choza.

Arunachal Pradesh

Mujer de la etnia apatani vendiendo gusanos en ZiroConocidas por su belleza, a las mujeres apatani les tatuaban el rostro y perforaban con un enorme piercing la nariz para evitar que los vecinos de la etnia nishi se emparejasen con ellas. Hoy día, con tan cruel tradición extinta, otras costumbres se mantienen, como la de picar algunos gusanos antes de comer. Se compran (y comen) vivos en los mercados.

Manipur

Pescadores del lago Loktak, ManipurA veces el Cielo se encapricha y baja a visitar la Tierra.

Tripura

Palacio flotante de Neer Mahal, Tripura, cerca de Bangladesh.Neer Mahal destaca tanto por no parecerse en nada al resto de los edificios de la región como por estar en mitad de un lago. Navegué a este palacio con un risueño local, y como único visitante me paseé por él a mis anchas tras pagar las cinco rupias (unos siete céntimos de euro) de entrada. Desde sus torreones se veía la vecina Bangladesh.

Mizoram

Miroram: amanece sobre las nubesSi no fuera por su gente, diría que lo mejor de Mizoram son sus amaneceres.

Assam:

Isla de Majuli (Assam): preparando un festival en un satraPreparando un festival para que las cosechas fueran propicias, en un satra de Majuli, una de las islas fluviales más grandes del mundo.

Meghalaya

Puente vivo de raíces, Meghalaya, IndiaCon la propia naturaleza como medio y el paso del tiempo como maestro arquitecto, los caudalosos ríos del sur de Meghalaya son ahora fácilmente sorteados por puentes construidos con raíces, vivos en el más literal sentido del término.

Sikkim: la octava hermana.

Monasterio de Ranka, cerca de Gangtok, SikkimSikkim es, por motivos que no vienen al caso, considerada la octava hermana. Hasta allí hice autostop para reunirme con mi amigo, un monje tibetano que conocí cinco años atrás en un monasterio de Ladakh en que viví unos días. Mientras atardecía, los novicios de su monasterio (en la foto danzan en el patio) preparaban un festival.

Cansado del "viajar para encontrarse a uno mismo", comencé a hacerlo para buscar al otro. Querer no sólo ver sino experimentar en primera persona la diversidad cultural de nuestra especie me ha llevado a convivir con tribus, viajar con nómadas, dormir con anacoretas en cuevas o monjes en monasterios, entre otras experiencias. Y sin quererlo encontré en todos ellos ese yo que buscaba. Viajo a pie, en autostop o transporte público y aquí comparto lo que voy viviendo en el camino.

Hay 25 comentarios

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    • Antonio Aguilar

      El plato sabía exactamente a lo que durante años pensé que debía saber ese roedor. Curiosa la mente humana, capaz de asociar con tanto acierto un sabor a algo que no conoce.

      ¡Gracias por tu comentario!

  1. Maio

    Después de leerte, me he comido un alfajor a tu SALUD, sí, sabe exactamente a lo que estás pensando….. a navidad en tu tierra……

    • Antonio Aguilar

      Alicia, hay comentarios que deben ser sin rodeos para una viajera como tú: ¡Ve a las siete hermanas tan pronto como puedas! (¡Y luego nos lo cuentas como bien sabes!)

      ¡Un beso y buenos vientos!

    • Antonio Aguilar

      Acabo de ver vuestras fotos de la Isla de Pascua, así que no me sale mas que devolveos íntegramente vuestro comentario. El sentimiento es recíproco. ¡Espero que aún nos quede mucho camino por delante! ¡Abrazo fuerte amigos!

  2. Irene

    Despues de China no tenia un plan. Ayer se me ocurrio comprar un vuelo a Nepal y cruzar a India para visitar estos lugares con los que tambien llevo un tiempo fantaseando. Despues de leerte me parece que he escogido el plan perfecto.

    • Antonio Aguilar

      ¡Contigo tuve tres años de reyes anticipados, inspiración, sueños y aprendizaje cada vez que compartías tus experiencias hermano! Eso sí que fue un auténtico regalazo. ¡A ver si coincidimos en algún momento de este viaje! ¡Abrazo fuerte!

  3. Laia

    Felicidades! Tanta fuerza, tanta expresión en tan pocas palabras… me quedo con ganas de saber más sobre las siete hermanas. Feliz año de viajes!

  4. Paco Aguilar Portero

    Con lo bien que narras y describes, no te has esforzado mucho en explicar que te pareció la rata de primero y como aperitivo esos apetitosos gusanos verdes.¡ SE METEN POR LOS OJOS! No te acostumbres a esos festines que luego un platito de jamón te va a parecer cosa ordinaria.
    ¡Que la suerte y el apetito no te abandone!.


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